miércoles, 9 de agosto de 2017

CHACHAPOYAS-PERÚ: DAVID MUÑOZ TUESTA

DAVID MUÑOZ TUESTA


PINCELADAS DE LA INFANCIA

DULCE ENCANTO DE LO IRRECUPERABLE


Por Luis Albitres Mendo


Poemas rebosantes de un encantador lenguaje, cargado de verdades eternas como son la alegría y felicidad experimentadas intensamente al calor de las cosas simples de la infancia.
David Muñoz Tuesta nos lleva de la mano hacia el candor y la inocencia de aquellos tiempos. Refresca la memoria en unos poemas de carácter original, los cuales rezuman el dulce encanto de lo irrecuperable, en otras palabras, despierta al niño que todos llevamos dentro y que constantemente pugna por renacer como resultado de oir notas inspiradas en la poesía.
David saca a luz el espíritu niño que habita en él y supera el desafío que se planteó al intentar rescatar su lejana infancia. Se supone que escribir para niños siempre es un proceso difícil. En el caso de Muñoz Tuesta, sigue a su corazón niño y triunfa en el intento.
Transmite bella y sencillamente lo que podríamos denominar reflexiones, desvaríos y arrebatos, relacionados con la vida cotidiana de un entorno que vivió en la época de su niñez. Y hoy al contemplarlos, asombrado, en pleno retorno, constituyen la fuente de su proceso creativo.
Incentivando un delicioso placer, el autor logra evocar épocas eglógicas de dorado recuerdo que complacían nuestra edad y sueños infantiles con enorme satisfacción.

MÁGICOS DANZARINES DE AMOROSA AÑORANZA


Mariposas y rosas; palomitas, torcazas y quintecitos, colibríes amazonenses; perdices, moras y tomatillos; loritos, la holgura de los maizales y su consiguiente correlación, huanchaquito, pajarito enamorado… son otros tantos referentes que conforman la fantasía de un poeta niño, son los mágicos danzarines de una inspiración saturada de amorosa añoranza, aquella que brasileños y portugueses denominan saudade.
Late en Corazón de Madre el amor filial de un chiquillo que retorna fatigado y nostálgico. El Patio de la Casa arrastra un sinfín de recuerdos. La Plancha y El horno grande, con chispazos de humor niño resaltan olvidados detalles.

EXULTANTE Y FELIZ, EL NIÑO QUE LLEVAMOS DENTRO


El árbol y La olla completan, junto a El batán y La huerta, plurales anécdotas, todas afines a las actividades cotidianas de un hogar, ese entrañable ambiente, guardado con celoso fervor, por este poeta que escribe para sí y para ese niño que habita en todo ser humano, aunque en algunos permanezca huraño y tímido y en otros, exultante y feliz.
 Mi carrito de cajón, remata el libro con una empatía sin parangón. En realidad se constituye en una fábula. El carrito de sólida madera, fuerte y resistente, confeccionado por el padre del niño modesto, que parece ser el alter ego del autor, venció al juguete caro del niño rico.
Y lo hizo, desde todo punto de vista, no solo podía pasear a varios niños a la vez y tenerlos entretenidos durante horas. También se convirtió en el juego predilecto de todos sus amiguitos. Fue la atracción del barrio.
Este cuento enseña solidaridad y camaradería. Socarrón, jocoso e irónico describe la victoria de quien merece, por todos los merecimientos exhibidos, ser el triunfador.

He aquí el poema: “Al hijo del abogado/ mi vecino,/ le han comprado un juguete/ muy caro.// Le trajeron de Inglaterra/ un lindo carrito/ de pasear.// Él sentado pedalea/ y recorre vuelta y vuelta/ el corredor.// -Préstame/ -préstame/ -dame una vueltita,/ Le rogamos/ le pedimos/ por favor.// Los días pasan/ y siempre regresamos/ de la casa de Augustito,/ muy desilusionados.// No nos presta su carrito/ no nos deja ni tocarlo/ su mamá le ha amonestado/ que a nadie debe prestar.// Mi papá/ ya está enterado./ Pero no tiene dinero/ para comprarme/ uno igual.// En cambio tiene/ una magnífica idea./ Sacó el cajón grande/ de madera/ debajo de la escalera.// Uff/ …qué fuerte!/ Le puso cuatro ruedas/ grandes/ fuertes/ de madera/ Y una gruesa soga/ pa jalar.// Ya está listo!.../ Lo sacamos a la calle/ con mis hermanos/ y amigos./ Y qué bien rueda/ en la vereda.// Qué bien corre y traquetea/ por las calles empedradas./ Cuatro o seis muchachos/ dentro,/ dos jalando de la soga,/ dos empujan por detrás.// Corre, corre,/ corre duro./ Qué maravilla los paseos/ corre, salta, traquetea/ en la vereda./ Unos suben,/ otros jalan/ Y todo es algarabía/ y gritería,/ alegría sin igual.// Llegan muchos niños/ a jugar./ Una vuelta a la manzana/ y un viaje largo/ por la plaza/ y la ciudad.// El pobre Augustito/ se ha quedado sin amigos./ Todos los niños del pueblo/ vienen a jugar con mi camión/ -Te regalo mi bizcocho/ y caramelos/ pa subirme a tu cajón-./ …Bueno/ peeero primero/ te toca empujar!/ Augustito/ …cooomo suda,/ y luego tiene que jalar!.../ Pa subirse a mi coche/ ahora tiene que sudar.// Todo el mundo está enterado/ que los chicos de mi barrio/ ahora tienen su camión./ Cuatro o seis suben al carro,/ unos jalan de la soga,/ otros empujan por detrás,/ todo es algarabía/ gritería/ y alegría sin igual.// Para subir en la cuesta,/ todos tienen que empujar./ Ya llegando bien arriba/ todos de un brinco al camión./ él arranca a toda prisa,/ corre y corre en la bajada.// Todos gritan de alegría,/ todos cantan:/ -“Mi carrito corre solo,/ él ya conoce el camino/ y poco a poco/ en el llanito/ va a parar”-.// Otra vez y otra más./ Hay muchos niños que pasear./ todos esperan su turno/ y el juego no tiene fin/ y hasta en las noches de luna/ se aprovecha pa jugar./ Ya los años han pasado/ mis amigos del carrito/ ahora pintan canas/ tienen lujosos automóviles,/ pero nunca olvidan/ que el mejor paseo/ de su vida,/ lo hicieron cuando niños/ en mi carrito de cajón.// Ni nadie ha tenido/  un juguete/ tan hermoso/ tan ruidoso/ tan alegre/ tan famoso,/ como mi carrito de cajón.// …Y/ …¿Dónde estará Augustito?.”








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