domingo, 19 de abril de 2026

CAJAMARCA: A LA BÚSQUEDA DE LA ARMÓNICA CONVIVENCIA CON LA NATURALEZA: INUNDAR DE VERDE MONTES Y COLLADOS. Por LUIS ALBITRES MENDO.

 

CAJAMARCA TE QUIERO VERDE

"Paisaje de Namora-Cajamaraca", óleo del pintor cajamarquino VÍCTOR AMADO PORTAL, exhibido en la Muestra CAJAMARCA TE QUIERO VERDE ( Julio del 2024 ) en los jardines y el vestíbulo del Hostal de MÓNACO FAMILIA EMPRESARIAL. 

INUNDAR DE VERDE MONTES Y COLLADOS

Ascendiendo a la cima del Mirador Santa Apolonia, solamente se aprecia la población que crece incesantemente, y en el horizonte fenece la campiña.

Por LUIS ALBITRES MENDO

EL CAMINO QUE DEBEMOS TRANSITAR: La armónica convivencia con la naturaleza.

La historia actual de la humanidad la hemos levantado sobre el exterminio casi total de las poblaciones indígenas. En este doloroso trance, no solo hemos acabado con miles de seres humanos, sino también con conocimientos ancestrales, medicamentos naturales, lenguas, símbolos, construcciones, hemos enterrado el amor, la candidez, la sabiduría de esos códigos naturales que regían los cielos de la armónica convivencia con la naturaleza. Todo ha sido engullido por el llamado progreso civilizado, progreso que hoy tambalea por nuestra ciega irracionalidad con los ambientes naturales”                         Félix Hugo Noblecilla Purizaga, poeta peruano, presidente de la Unión Mundial de Poetas por la Vida. Prólogo al poemario “Las sombras del fuego” de Wilda Borchers Carrasco. destacada poeta chilena.

Pensar que el título era INUNDAR DE VERDE LAS PRADERAS. En el actual valle de Cajamarca, invadido, abarrotado ya por pistas y cemento, ya no será posible.  Algo grave está ocurriendo. Y muchos piensan que es lo normal, que la ciudad debe expandirse. Inaudito es lo que piensan algunos, dadas las circunstancias, que ese es el futuro de la ciudad, expandirse. A costa de eliminar la belleza del valle. Según ellos, “progresar”, es ir creciendo, a como dé lugar, sin importar la preservación de lo que hace siglos, ha sido el encanto de nuestra Patria, el verdor del valle.

CAJAMARCA está creciendo a pasos agigantados como población. Y los encargados de velar por un crecimiento racional, han desoído la advertencia de expertos, conserven su campiña. Y ésta va mermando sus extensiones. Y el fértil suelo va siendo enterrado, bajo asfalto, cemento y fierro.

Estamos perdiendo nuestra campiña. La población avanza desaforadamente, de aquí a una década o quizás menos, habremos perdido lo que convertía a nuestra entrañable ciudad, en un edén.

Qué hacer, si quienes están llamados a gobernar y autorizar las construcciones no hacen nada al respecto. Y continúa aquello de poderoso caballero es don dinero. Y contemplamos preocupados cómo surgen edificaciones de las cuales dudamos si tendrán o no planificación. Otras muy bien montadas, bajo la dirección de inmobiliarias modernas. ¿Qué podemos hacer? Al menos dar la voz de alerta. De aquí a 10 o 15 años, a qué se reducirá nuestra verde campiña, la otrora exuberante tierra de los Caxamarcas, atractivo turístico de primer orden. Elogiada por turistas de diversas nacionalidades. Un mexicano opinó que el valle, por hermoso y ubérrimo, sobresalía en toda Andinoamérica.

Causa indignación y preocupación la falta de imaginación de los responsables, ante el auge poblacional que se incrementa e impele.

En todo caso, deberíamos crecer hacia arriba. Y preservar nuestra riqueza ecológica. Aún podemos hacer algo para conservar nuestra campiña ante el avance de los que construyen, muchas veces sin planificación, y de las inmobiliarias, que ofrecen, a troche y moche, sus viviendas.

Hoy en día se impone el sentido mercurial en nuestra existencia y cada vez más pretende arrebatar nuestro derecho al contacto con la naturaleza y al disfrute directo de flora y fauna. Hablando en la dimensión planetaria, son la codicia más cavernaria, la propiedad privada de mayor peso, el egoísmo e individualismo más exacerbados los que impiden los goces comunitarios de mayor urgencia como el derecho al contacto directo con aguas cristalinas de arroyos incontaminados, o a respirar aire puro de bosques libres o correr en praderas impolutas cuyo verdor esplende.

De nuestro amado valle, en su amplitud, morar quisiéramos, entre el verde follaje, y, oh infortunio despiadado, ya va anunciando despedidas aciagas. Quizás podamos reencontrar el perdido y fresco verdor de bosques y praderas en felices y risueños vallecitos de los pueblos aledaños.

Perder el verdor más característico del valle cajamarquino, será algo ignominioso. Mañana será muy tarde para recuperar nuestras bellísimas praderas, el verdor de los bosques. La hermosura tersa de los sauces llorones besando las aguas de nuestros tres ríos emblemáticos, en cuyas  transparentes pozas aprendimos a nadar cuando éramos niños, ¿Se perderán en los recuerdos?

Mientras los tres ríos de su valle discurran, el verdor no morirá. ¿Es esto cierto?

Cuánta zozobra y rabia concede ver, incluso tan cerca del aeropuerto, los ríos van perdiendo sus maravillosos atavíos, la transparencia de sus aguas de antaño, hechas hoy en día, anegadas por basura, malolientes, muchas veces fétidas, fruto de la desidia e indiferencia de las autoridades de turno.

Callar, en estos casos sería complicidad. Noto, con suma preocupación, se ha perdido la pasión por preservar nuestra fabulosa campiña, otrora emblemático atractivo turístico de nuestra ubérrima tierra. Qué les diremos a las nuevas generaciones. Qué cara pondremos ante sus asombros y atingencias, por dejar que prevalezcan las mercuriales apetencias de los mercaderes.

En cambio, qué gratificación tan grande siento, al ver los cerros que contemplamos alrededor del valle de Cajamarca, plenos de nuevas arboledas, circundando a la enorme población con un saludable y verde cordón de bosques tan ansiados. Son nuestros labriegos , campesinos y agricultores, los visionarios que van cubriendo con bosques los cerros. Señal de que está progresando la cultura del verdor, frente a la depredación de nuestra campiña.

Cultura verde, cultura ecológica. Que nuestros jóvenes aprendan desde niños que sembrar árboles es trascendente. Tan importante que transforman el clima y traen prosperidad a nuestras comunidades, al enriquecer la biodiversidad. Veamos lo que sucedió con PORCÓN y cómo van mejorando todos los cerros que la circundan, llenos de bosques, para prosperidad de los nuestros. Surgen la ganadería y con ella los productos lácteos, la producción de todo lo que es mueblería, ante la presencia de maderas y por supuesto, el verdor atrae turistas, florecen las visitas de propios y extraños.

MAGIA Y ENCANTO DEL CERRO SANTA APOLONIA

Por otro lado, vemos con suma simpatía y beneplácito, cómo gracias al cuidadoso esmero de varios alcaldes pasados, el Mirador natural de la ciudad, el emblemático CERRO SANTA APOLONIA, luce, en la actualidad, reforestado, con muchos árboles y jardines. Y hasta con fuentes de agua, que son la delicia de propios y extranjeros. Se ha convertido en un precioso refugio dominical para los cajamarquinos y un indiscutible atractivo para el turismo local.

SE AGRADECERÁ ESTA PREVISORA INICIATIVA Y CREACIÓN

Así como defendieron al Mirador Santa Apolonia, y con gran éxito, de la invasión y el abandono, es hora de la creación de un gran parque ecológico citadino. Suelo soñar que la zona del QHÁPAC ÑAN, ese inmenso terreno que tuvo el municipio local, no sé a ciencia cierta pero, debió dedicarse a crear este Parque Central. Ya es muy tarde para ello. Tuvimos autoridades que no previeron. Prefirieron vender, construir…y el posible gran parque se enterró antes de nacer. Hoy por hoy, ¿cómo dotar a la gran ciudad de un gran parque? Dónde encontraremos a ese gran cajamarquino, como sí lo hubo para contar con una Ciudad Universitaria, que done una amplia extensión, que todavía conserve bosques y praderas y tal vez o no, a orillas de alguno de los ríos que aún nos quedan.  

Ante la avalancha de construcciones poblacionales, nos queda otro sueño: Que ese Parque, creado ojalá muy pronto, abarque bosques y praderas, si fuera posible, a orillas del río MASHCÓN o CHONTA. Requisito indispensable, que sea un espacio intocable, un terreno intangible como todo Parque Nacional. Que se tome en cuenta esta iniciativa para BIENESTAR, RECREACIÓN Y JOLGORIO de los pobladores de la bella ciudad de CAJAMARCA y turistas que la visiten. Las generaciones del futuro agradecerán esta previsora creación.




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