CAJAMARCA TE QUIERO VERDE
INUNDAR DE VERDE MONTES Y
COLLADOS
Por LUIS ALBITRES MENDO
EL CAMINO QUE DEBEMOS TRANSITAR:
La armónica convivencia con la naturaleza.
“La
historia actual de la humanidad la hemos levantado sobre el exterminio casi
total de las poblaciones indígenas. En este doloroso trance, no solo hemos
acabado con miles de seres humanos, sino también con conocimientos ancestrales,
medicamentos naturales, lenguas, símbolos, construcciones, hemos enterrado el
amor, la candidez, la sabiduría de esos códigos naturales que regían los cielos
de la armónica convivencia con la naturaleza. Todo ha sido engullido por el
llamado progreso civilizado, progreso que hoy tambalea por nuestra ciega
irracionalidad con los ambientes naturales” Félix Hugo Noblecilla
Purizaga, poeta peruano, presidente de la Unión Mundial de Poetas por la Vida.
Prólogo al poemario “Las sombras del fuego” de Wilda Borchers Carrasco.
destacada poeta chilena.
Pensar que el título era INUNDAR DE VERDE LAS PRADERAS.
En el actual valle de Cajamarca, invadido, abarrotado ya por pistas y cemento,
ya no será posible. Algo grave está
ocurriendo. Y muchos piensan que es lo normal, que la ciudad debe expandirse.
Inaudito es lo que piensan algunos, dadas las circunstancias, que ese es el
futuro de la ciudad, expandirse. A costa de eliminar la belleza del valle.
Según ellos, “progresar”, es ir creciendo, a como dé lugar, sin importar la
preservación de lo que hace siglos, ha sido el encanto de nuestra Patria, el
verdor del valle.
CAJAMARCA está creciendo a pasos agigantados como
población. Y los encargados de velar por un crecimiento
racional, han desoído la advertencia de expertos, conserven su
campiña. Y ésta va mermando sus extensiones. Y el fértil suelo va siendo
enterrado, bajo asfalto, cemento y fierro.
Estamos perdiendo nuestra campiña. La población avanza
desaforadamente, de aquí a una década o quizás menos, habremos perdido lo que
convertía a nuestra entrañable ciudad, en un edén.
Qué hacer, si quienes están llamados a gobernar y
autorizar las construcciones no hacen nada al respecto. Y continúa aquello de
poderoso caballero es don dinero. Y contemplamos preocupados cómo surgen
edificaciones de las cuales dudamos si tendrán o no planificación.
Otras muy bien montadas, bajo la dirección de inmobiliarias modernas. ¿Qué
podemos hacer? Al menos dar la voz de alerta. De aquí a 10 o 15 años, a qué se
reducirá nuestra verde campiña, la otrora exuberante tierra de los Caxamarcas, atractivo
turístico de primer orden. Elogiada por turistas de diversas nacionalidades. Un
mexicano opinó que el valle, por hermoso y ubérrimo, sobresalía en toda
Andinoamérica.
Causa indignación y preocupación la falta de imaginación
de los responsables, ante el auge poblacional que se incrementa e impele.
En todo caso, deberíamos crecer hacia arriba. Y preservar
nuestra riqueza ecológica. Aún podemos hacer algo para conservar nuestra
campiña ante el avance de los que construyen, muchas veces sin planificación, y
de las inmobiliarias, que ofrecen, a troche y moche, sus viviendas.
Hoy en día se impone el sentido mercurial en nuestra
existencia y cada vez más pretende arrebatar nuestro derecho al contacto con la
naturaleza y al disfrute directo de flora y fauna. Hablando en la dimensión
planetaria, son la codicia más cavernaria, la propiedad privada de mayor peso,
el egoísmo e individualismo más exacerbados los que impiden los goces
comunitarios de mayor urgencia como el derecho al contacto directo con aguas
cristalinas de arroyos incontaminados, o a respirar aire puro de bosques libres
o correr en praderas impolutas cuyo verdor esplende.
De nuestro amado valle, en su amplitud, morar
quisiéramos, entre el verde follaje, y, oh infortunio
despiadado, ya va anunciando despedidas aciagas. Quizás
podamos reencontrar el perdido y fresco verdor de bosques y praderas
en felices y risueños vallecitos de los pueblos aledaños.
Perder el verdor más característico del valle
cajamarquino, será
algo ignominioso. Mañana será muy tarde para recuperar nuestras bellísimas
praderas, el verdor de los bosques. La hermosura tersa de los sauces llorones
besando las aguas de nuestros tres ríos emblemáticos, en cuyas transparentes pozas aprendimos a nadar cuando éramos niños, ¿Se perderán en los recuerdos?
Mientras los tres ríos de su valle discurran, el verdor
no morirá. ¿Es esto cierto?
Cuánta zozobra y rabia concede ver, incluso tan cerca del
aeropuerto, los ríos van perdiendo sus maravillosos atavíos, la transparencia
de sus aguas de antaño, hechas hoy en día, anegadas por basura, malolientes,
muchas veces fétidas, fruto de la desidia e indiferencia de las autoridades de
turno.
Callar, en estos casos sería complicidad. Noto, con suma
preocupación, se ha perdido la pasión por preservar nuestra fabulosa campiña,
otrora emblemático atractivo turístico de nuestra ubérrima tierra. Qué les diremos
a las nuevas generaciones. Qué cara pondremos ante sus asombros y atingencias, por
dejar que prevalezcan las mercuriales apetencias de los mercaderes.
En cambio, qué
gratificación tan grande siento, al ver los cerros que contemplamos alrededor
del valle de Cajamarca, plenos de nuevas arboledas, circundando a la enorme
población con un saludable y verde cordón de bosques tan ansiados. Son nuestros
labriegos , campesinos y agricultores, los visionarios que van
cubriendo con bosques los cerros. Señal de que está progresando la
cultura del verdor, frente a la depredación de nuestra campiña.
Cultura verde, cultura ecológica. Que nuestros jóvenes
aprendan desde niños que sembrar árboles es trascendente. Tan importante que
transforman el clima y traen prosperidad a nuestras comunidades, al enriquecer la
biodiversidad. Veamos lo que sucedió con PORCÓN y cómo van mejorando todos los
cerros que la circundan, llenos de bosques, para prosperidad de los nuestros.
Surgen la ganadería y con ella los productos lácteos, la producción de todo lo
que es mueblería, ante la presencia de maderas y por supuesto, el verdor atrae
turistas, florecen las visitas de propios y extraños.
MAGIA Y ENCANTO DEL CERRO
SANTA APOLONIA
Por otro lado, vemos con suma simpatía y beneplácito,
cómo gracias al cuidadoso esmero de varios alcaldes pasados, el Mirador natural
de la ciudad, el emblemático CERRO SANTA APOLONIA, luce, en la actualidad,
reforestado, con muchos árboles y jardines. Y hasta con fuentes de agua, que
son la delicia de propios y extranjeros. Se ha convertido en un precioso
refugio dominical para los cajamarquinos y un indiscutible atractivo para el
turismo local.
SE AGRADECERÁ ESTA
PREVISORA INICIATIVA Y CREACIÓN
Así como defendieron al Mirador Santa Apolonia, y con
gran éxito, de la invasión y el abandono, es hora de la creación de un gran
parque ecológico citadino. Suelo soñar que la zona del QHÁPAC ÑAN, ese inmenso
terreno que tuvo el municipio local, no sé a ciencia cierta pero, debió
dedicarse a crear este Parque Central. Ya es muy tarde para ello. Tuvimos
autoridades que no previeron. Prefirieron vender, construir…y el posible gran
parque se enterró antes de nacer. Hoy por hoy, ¿cómo dotar a la gran ciudad de
un gran parque? Dónde encontraremos a ese gran cajamarquino, como sí lo hubo
para contar con una Ciudad Universitaria, que done una amplia extensión, que
todavía conserve bosques y praderas y tal vez o no, a orillas de alguno de los
ríos que aún nos quedan.
Ante la avalancha de construcciones poblacionales, nos queda otro sueño: Que ese Parque, creado ojalá muy pronto, abarque bosques y praderas, si fuera posible, a orillas del río MASHCÓN o CHONTA. Requisito indispensable, que sea un espacio intocable, un terreno intangible como todo Parque Nacional. Que se tome en cuenta esta iniciativa para BIENESTAR, RECREACIÓN Y JOLGORIO de los pobladores de la bella ciudad de CAJAMARCA y turistas que la visiten. Las generaciones del futuro agradecerán esta previsora creación.



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