BUENOS AIRES –ARGENTINA: ALEGORÍAS DE
LA NOCHE Y OTROS POEMAS de JUAN CARLOS PRIOTTI
LA INTENSA AVENTURA DE SOÑAR
Por LUIS ALBITRES MENDO
“Soñar un poema me causaba una
extraña sensación, asimismo el efluvio hondo y humano de un desasosiego…(…) Y
como su grácil desolación está latente en todo poemario, debo decir en esta
especie de liminar, que la soledad es un sufrimiento sutil, silencioso, sin
palabras, sin formas, que puede borrar del corazón el interés por vivir y del
espíritu el bello significado de la intensa aventura de soñar. (…) donde el
corazón con su alegría, con su ternura y su sangre, da garantía de eternidad”
Juan Carlos Priotti ( Exordio al libro “Alegoría de la noche y otros poemas”)
BREVIARIO DE NOSTALGIAS
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GRÁCIL DESOLACIÓN LATENTE
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APASIONADO
REFINAMIENTO GLORIFICANDO AL AMOR
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VOZ QUE LLEGA DEL ATARDECER
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ÁRBOLES DE LUZ EN LA PIEL Y EN LA HISTORIA
AMERINDIA : CON TODOS LOS FULGORES DE
UN ILUMINADO
CON LA FURIA ANCESTRAL : EN LA MEMORIA VIVA
DEL FUEGO
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“Ni la exégesis ni la criba de la
memoria son suficientes para expresar en palabras, versificando la grandeza y
el posterior genocidio de nuestros abuelos patriarcales, árboles de luz en la
piel y en la historia de Amerindia, escrita y tergiversada por el conquistador
español. Y yo pertenezco a esa historia despojada gran parte de la verdad, de
la identidad, con el estupor del avasallamiento que sufrió durante más de cinco
siglos, a mano de otra cultura, hasta la hora feroz del ocaso. De allí nacen
mis poemas, con mucha rabia en los versos escritos y en el corazón”.
AMERINDIA EN LA SOMBRA DEL OCASO
“…inmenso el océano, larga la hora
feroz del ocaso. ¡Fue ayer! Y los bajeles más altos que las olas, sobre la
Puerta del Sol; las fogatas que velaban los chasquidos del viento en el Rumi
Tiana, arriaron los leños. El adelantado de Castilla cubierto de armadura,
todopoderoso, gritó en la Plaza Mayor: ¡Soy el conquistador, oh señor del
imperio! Obsedida la muerte, se despeña por la oscuridad del instante con
retumbo de corceles, mosquetes, despojos, y detrás la Hidra como ofrenda al
Dios emplumado. Así empezó el holocausto, el día sin nacer. El oro y la plata en
el Cuarto del Rescate, no saciaron la ambición ambicionada del barbado. En los
fuegos rituales callaron las quenas y a su vez la chicha, las danzas. La noche
fue larga en Cajamarca. Silencio en los templos, dolor en los Andes, y la luna
en la oquedad del crepúsculo, saliendo de vasijas como un rayo flamígero. El
buitre ensangrentado en la plaza, el verdugo impávido a los pies de Atahualpa
Señor del Tahuantinsuyo, y la muerte con relámpago de cordel y espada
trasegando el alma del Imperio a otro cielo. Fuego en el oro, sangre de lluvia
y el cóndor furibundo en el cuenco de arcilla de los dioses decapitados. Reinos
muertos, ¿dónde hallar la fuente sagrada que purifique los ojos que no ven al
Hijo del Sol? Entre tanto la sangre de los muertos insepultos, la sangre
cordillera empapada en las piedras, espera a la sombra de los dioses
decapitados.
…Y después de la noche, un poco antes
de la aurora, los muertos que acunan a los vivos, piensan en dibujos de
cerámica y sueñan con nacer de nuevo. El cóndor, heraldo del Ande, hace arder
un fuego de certezas en lo alto del nido, y sobre él se tiende y espera…¡más de
cinco siglos! Los pájaros en el umbral de la mañana, como rapsodas de otro
amanecer, cantan elegías en la memoria viva del fuego. Oh seguidores de
huellas, buscadores de semillas, arrieros de agua en la corteza del desierto.
En un presagio de Reinos Muertos, Amerindia despierta en la sombra del ocaso
con la furia ancestral en cada hueso, para trazar sueños imaginarios sobre los
Andes”. Ciudad de Cajamarca, febrero del
2004.
CUSCO…EN SOLEDAD DE DIOSES
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Y este es el Cusco…/-claridad del ocaso sobre la piedra-/ de los siglos oscuros de la cruz y la espada,/ de la memoria ancestral en los altos muros/…/ como escuchando las sombras correr/ detrás de una herida que aumenta.// Mas unos ojos estirados y no tan negros/ anclados en la piedad de la chicha,/ no se dejan seducir por la mirada/ de llegar hasta mi piel y preguntarme:/ ¿Importa tanto esa luz en la memoria/ que alumbra el orgullo de los vencidos?// (…) Porque hay ruinas en soledad de dioses/ a los que el tiempo devora…/ más allá del grito germinal de los muertos,/ recién resurrectos a la verdad del canto.// Ante todo el olvido…¿serán solo palabras?/ el mea culpa que ronda en la conciencia/ esperando, como el Hijo del Sol,/ que el silencio nunca se vuelva vacío./ Hoy, por caminar sus calles, ¡me desvivo!/ Por su eternidad tiene nombre mi poema. Ciudad del Cusco, febrero del 2004.
PÉTREA BELLEZA, ALBA INVENCIBLE
ELEGÍA A MACHU PICCHU
“Entre el sol y el dulce don de la
lluvia,/ tus alas de niebla y de verde musgo/ emergen con la eterna majestad
del cóndor,/ y también tu azul mitología de silencio.// (…) Qué solsticio de lo
efímero duermes,/ ahora lejos, en tus ruinas, / más allá de los siglos donde el
sol iluminaba/ tu pétrea belleza como un alba invencible.// (…) Y en tu
eternidad de santuario crece el vacío/ como la memoria en tus piedras,/
recordándote paternal de mi canto.” Alturas de Machu Picchu, febrero del 2004
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EL PARAÍSO DESCONTINUADO
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LLORA EL HIJO DEL SOL
“Conozco un rincón en el Valle
Sagrado,/ donde se ve la sombra de la luna/ y las lágrimas del sol/ (…) Edifica
Pachacútec en piedra dura/ la ciudad que aflora grietas de sol/ y siglos de amargura.// Renacida en bellas catedrales,/ el Evangelio contempla en sosiego/ el frenesí de la espada/ que abre las heridas, como si fueran ojos que despiertan./ Nadie ni nada puede comprender/ la gran tristeza del silencio/ que merodea entre los altos muros." Ciudad del Cusco, octubre del 2010
El GRITO DE LA SANGRE: COMÚN ORIGEN Y
FRATERNIDAD HUMANA
TIAHUANACO, La Babel Americana
El horizonte aún llena el espacio
vacío/ abismal y distante,/ Capital del Imperio Megalítico,/ laberinto
mitológico de Tapires Gigantes/ vidriando un crepúsculo de piedra./ Toco
pedazos de gloria con mis manos/ y siento cómo todo cambia…/ hasta la noche en
su inmensidad,/ cuando la luna se enreda al ocaso,/ sola, asomada, moribunda./
Y en el reflejo infinito del Titicaca/ reposan tantas, tan diversas historias/
escritas a espaldas de los dioses./ Aquellos que fueron divinidades/ y se
volvieron esclavos,/ tallaron a sangre la Puerta del Sol,/ pirámides, templos…/
donde mil años son como un día./ Transformado el discurso del tiempo/ y el
mundo olvide cómo fue el origen,/ quién recordará la mentira/ que por venir de
otra tierra/ no nos une el grito de la sangre,/ hermano mío, lejano,/ fundando
mi esencia americana. Tiwanaku
(Bolivia), febrero del 2013
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HOLOCAUSTO DE LOS QUILMES (Quinientos
Años Atrás)
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“Los Quilmes fueron una de las más
célebres parcialidades de la etnia Diaguita, que habitaron el Oeste de la
actual provincia de Tucumán. Por más de una centuria opusieron una tenaz
resistencia a los colonizadores españoles durante los siglos XVI y XVII”.
“Las mujeres, desde un peñasco en lo
alto de la ciudadela, eligieron arrojarse al vacío con sus hijos en brazos
antes de verse sometidas. En el largo camino de mil doscientos kilómetros, de
los dos mil solo llegaron doscientos hasta la Reducción de Santa Cruz de los
Quilmes, en la cercanía del Río de la Plata, que devino en la actual ciudad de
Quilmes en el gran Buenos Aires”.
FINAL PARA UNA TRAGEDIA: EL DESTIERRO
DE LOS QUILMES:
ABRAZADOS AL RESPLANDOR DE UNA LÁGRIMA…SE
VOLVIERON UN RELÁMPAGO
“Los muertos que caminan por
Yokawil,/ son solo eso,/ espectros sin rostro ni sueños./ Y lo que dolor fue,
vuelve a ser dolor/ a la hora de evocar el destierro,/ abrazado al resplandor
de una lágrima.//
“Al pie del vasto manto de montañas,/
los pasos del tiempo penden exhaustos/ con la bárbara sentencia en la agonía,/
de los que resistieron acosados por años/ y se volvieron un relámpago de
piedra./ Solo los dioses reclaman por ellos/ con sed y pesadillas./ ¿Qué hacer,
si ya no están?/ Un vórtice de viento atiza las cenizas/ del pasado distante, cegado de oscuridad.//
“Despojados del ritual junto a la
hoguera,/ el ocaso desciende con ojos turbios/ que miran hacia dentro,/
arrancando la epidermis de los gritos/ sobre un peñasco en la Cumbre del Alto,/
pucará guardián de la indeleble Gesta/ y sepulcro en que reposa el recuerdo.//
Cómo despertar la memoria del cóndor/ en ese abismo paraíso de osamentas./
Cómo.//
“Y el Amauta me recitó el
Intihuatana,/ y todo parecía tanto…/ que no supe si sentir rabia o tristeza,/
por esa herida abierta y sangrante/ como un mal sueño que no despierta.//
Lejos,/ las raíces perduran tras la distancia/ con el olor a tiempo de los
libros,/ y el sol golpeando en la ventana/ de los vastos letargos de la
historia./ La que yo recibí,/ la que dejé hacer,/ la que yo hice,/ ya que son
muchas las páginas en blanco,/ y demasiado el olvido y la mentira,/ y las
sombras muchas/ en las que solo puedo escuchar…/¡el envolvente sonido del
silencio! Tucumán, enero del
2000.
EL FUEGO Y LA CENIZA. A Inkill, el
rostro de Yokawil
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“No sé para qué desdoblar mi desvelo/
siendo simplemente yo,/ un sueño atemporal que dibujo/ por un instante/ con el
lábil párpado de tu sombra./ Todo vuelve un día,/ despierta las lágrimas/ y mi
corazón comienza a ahogarse/ en esa lejanía,/ en la que tú no estás presente./
Aquí estoy,/ aunque no me veas/ me perderé en la pátina de tu vientre./ Pero me
doy cuenta/ de que solo eres un retrato,/ de que tú ya no me escuchas/ para
seguir ardiendo./ Tu fuego allá,/ el mío acá,/y entre los dos un abismo de
ceniza/ que llena no solo tus días,/ sino también tus noches. Tucumán, enero del 2000
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